9 de marzo de 2007

Babel

Estuve días pasados en uno de los epicentros del ciclón mundialista, allí donde golpean con más ímpetu las más descabelladas teorías y utopías democráticas. Algo así como la cocina de la Europa actual y, después de verlo, quedan ganas de decir que todo está frito.

El lugar es enorme. Una estructura de vidrios y aceros que desafía las nubes siempre bajas y grises del cielo de Bruselas.

El Parlamento europeo, es una suerte de nueva torre de Babel.

Salvando, que los constructores de la primera torre hablaban el mismo idioma y los de la segunda todos en lenguas distintas, no hay tantas diferencias.

Tampoco creo que en la torre de Babel original, los socialistas tuvieran los despachos más espaciosos y la mejor vista. Aunque nunca se sabe. Y es curioso notar que quienes pregonan estar lo más cerca posible del pueblo, eligen los pisos más altos para establecer sus cuarteles generales.

La biblioteca del lugar es interesante.

Una biblioteca dice mucho acerca de sus dueños. Nunca puedo evitar, cuando entro por primera vez en una casa de algún desconocido, hacer un breve inventario indiscreto de sus lecturas. Se aprende mucho observando los libros que hay en una biblioteca, y se aprende más observando los que no están y faltan. Faltan en la formación intelectual de quien nos recibe.

La biblioteca del Parlamento, es una biblioteca técnica.

Miles de libros sobre legislación compilada, anotada, comentada y comparada de todos los países miembros e incluso de los no-miembros del club. Centenares de manuales de economía, libros de sociología a patadas y una sección entera dedicada a libros sobre derechos humanos. Estudios sobre el impacto de nuevas tecnologías, rejuntes de estadísticas sobre lo impensable y… ni un sólo libro de filosofía.

Ni hablar entonces de teología. Malas palabras, que fueron borradas de los estantes, como el pasado cristiano de Europa fue borrado del proyecto fallido-latente de constitución europea.

Hay también bares en los cuales no se puede fumar, excepto en un anexo que parece una pecera y donde los fumadores corren ansiosos a por unas bocanadas de aire no-fresco, restaurantes, agencias de viajes y un gimnasio.

Repleto de obras de “arte” horribles. Arte conceptual que le dicen… y en el medio de todo eso, un icono de la Virgen con el Niño Jesús en sus brazos. Regalo de la delegación polaca al Parlamento. Algo de revuelo causó al principio, ya que muchos se oponían a que esta imagen fuera colgada en las paredes del templo sagrado de la laicidad.

Pero no se devuelven los regalos. Hasta el más maleducado de los hombres sabe eso. Asíque le encontraron un lugar en el medio de un pasillo lateral y allí la dejaron. Medio olvidada.

Al fin de cuentas, tal vez, no todo esté perdido. Medio olvidada, pero allí está Nuestra Madre.

1 comentario:

Cruz y Fierro dijo...

Muy buenos tus posts.

Sí, mientras la Virgen siga presente, aunque escondida, no todo está perdido. Por otro lado, ¡qué grande Polonia!, cómo no acordarse de la promesa de Nuestro Señor a Santa Faustina... Como en los tiempos de Juan Sobieski, parece que Polonia viene al rescate de Occidente, de lo que queda del Occidente católico se entiende.