16 de abril de 2007

Comparaciones

Algunos dicen que las comparaciones son odiosas. Tal vez tengan razón. Aunque no lo sé.

Las parábolas son en cierta forma comparaciones. “El reino del cielo se parece a…”. Y a veces las comparaciones sirven para entender mejor las cosas.

El último ganador del premio literario Goncourt en Francia es un libro que se llama “Les Bienveillantes”. No lo leí. Probablemente nunca lo haga. Tantas cosas buenas hay para leer…

Lo nombro porque, noches pasadas vino a comer un amigo a casa. Y empezó a hablar del libro que relata los recuerdos de un oficial SS durante la segunda guerra. Con lujo de detalles sobre la ejecuciones en los campos y las técnicas empleadas. Curiosamente el libro también cuenta, con complaciente lujo de detalles, los recuerdos de infancia en un pensionado religioso del mismo oficial SS y de las violaciones que fuera víctima.

Otra amiga que estaba en casa se declaró indignada. Dijo no entender como el hombre llega a tales extremos de crueldad.

Y ahí se armó una larga discusión. De esas que suelen durar al menos cuatro botellas de vino. Y éramos cuatro.

(…)

¿Como es posible que el hombre se dedique a exterminar a su semejante sin ningún tipo de compasión?

Veamos.

Basta con hacer creer que algo es bueno para el pueblo.

Y luego que hay otra cosa que ataca ese interés, ese algo.

Por ende hay que proteger lo primero, desechando lo segundo.

Luego se sanciona una ley, para legitimar una acción que es un homicidio. Claro está que se le cambia el nombre y el homicidio se convierte en “técnica de reducción de…”. Porque cambiando el nombre de las cosas, cambiamos también el sentido que tienen.

Y luego se sanciona otra ley, para castigar a quienes respetando la ley natural, están en desacuerdo con la primera.

Y con ello ya tenemos establecido el marco legal de los asesinatos.

Pero, un marco legal, no es suficiente.

El hombre tiene una conciencia. Un poco más o un poco menos escrupulosa, pero conciencia al fin.

Y ahí interviene la propaganda del sistema. El lavaje de cerebro a escala universal para des-responsabilizar e inocentar a los culpables.

Y eso no es tan difícil de lograr. Basta con hacer creer a la gente que lo que hacen está bien de acuerdo a las leyes generales del país. Y de la moral civica-republicana-democrática.

Y si ello no basta, entonces hay que castigar a todos los que se oponen al asesinato. Con procesos-farsas condenarlos a la horca, en públicas ejecuciones, por culpables de no instigación al delito. Claro que no se dirá delito, si no por oponerse a la actividad…y no respetar los sacro principios de derechos humanos republicanos, etc.

Por ultimo, el acto mismo de la ejecución debe ser aséptico. Un gesto quirúrgico, que borre con un gesto técnico esa malformación social. Hay que volverlo insignificante, rutinario, casi cotidiano. Con protocolos y consignas dignas de la burocracia más estricta, para esconder el carácter sagrado de la vida tras montañas de papeleo burocrático.

Con todas estas medidas, la mayoría de las conciencias ciudadanas apoyará la decisión asesina de cualquier gobierno de turno.

(…)

No me cree?

Veamos.

Primera hipótesis.

Lo que era bueno para el pueblo era la superioridad de la raza aria.

Los judíos amenazaban esa raza.

Por ende, debían ser exterminados.

La lógica es impecable, no?

Conclusión: millones de gitanos, judíos, católicos, etc. fueron exterminados.

Segunda hipótesis.
Lo que es bueno para la mujer, es el derecho a disponer ella misma de su propio cuerpo.

Los bebés, a veces, amenazan ese derecho.

Por ende, deben ser exterminados.

Otra vez la lógica es implacable y la ciencia moderna también.

Conclusión: millones de inocentes exterminados.

P.D.: Curiosamente quienes se escandalizan de lo ocurrido en la primera hipótesis, cierran los ojos (propios y ajenos) ante la segunda... Curiosamente?

2 comentarios:

Rafael de la Vega dijo...

Soy español y también vivo en Paris. Llevo tiempo leyendo tu blog y me gusta bastante, así que si quieres un día podemos tomar unos vinos. Saludos en Cristo Rey, Rafa.

Santiago dijo...

Rafael,

Muchas gracias por tu comentario.

En realidad no vivo en Paris, si no en Lyon. Aunque viajo seguido a Paris.

La semana proxima estaré probablemente por allí.

Acepto contento tu invitación a por unos vinos (mi mail es santag78@yahoo.com.ar).

Un abrazo,

Santiago